viernes, 29 de abril de 2011

El Docente que queremos y merecemos...


 Todos somos simples seres humanos antes de estar etiquetados como médicos, profesores, consultores, arquitectos, periodistas, comerciantes, entre otros. Entonces, viviendo en estos tiempos de grandes cambios, nos preguntamos, ¿Cómo debe ser la educación de hoy en día? ¿Están preparados nuestros docentes para ir de la mano con los avances de la globalización? Es allí cuando afirmamos que,  la educación también debe centrar sus esfuerzos en proveer de valores a todos aquellos hombres y mujeres que se preparan a lo largo de los años para ser profesionales en sus distintas áreas. Complicándose el rol del docente más aún, ya que ellos deben ser los primeros que tienen que estar bien formados y actualizados, ya que nadie puede dar aquello de lo que carece. Y crece la responsabilidad, más aún, cuando tienen en sus manos gran parte de los talentos que en el corto o mediano plazo estarán conduciendo nuestro planeta.
   
Cuando hablamos de siglo XXI, inmediatamente nos vienen a la mente ideas como las nuevas tecnologías, el avance del internet, la sociedad del conocimiento, acompañada a su vez, de grandes cambios a nivel mundial a un ritmo sin precedentes. Podríamos decir que es el siglo del saber. Avances que definitivamente cambian nuestro mundo.  Cada día las competencias que exige la sociedad son más exigentes, ya no es suficiente hablar de una profesión como ingeniero o administrador, sino que se exigirán unas competencias que cambiarán su perfil, para hacerlo apto al competitivo y exigente mundo global. El profesional del siglo XXI debe estar familiarizado con esta tecnología, ya que forma parte de su haber de conocimiento, forma parte de su vida.
 
Es entonces cuando nos encontramos con más que una corriente de pensamiento, nos encontramos con una realidad: la brecha que existe actualmente entre el profesional del siglo XXI y la escuela de hoy. Ciertamente se hace urgente que la educación replantee sus objetivos, sus metas, sus pedagogías y sus didácticas si quiere cumplir con su misión en este siglo, y logre formar, no solo al profesional en cualquier disciplina, sino al profesional competitivo y de la mano de la vanguardia tecnológica; cubriendo las necesidades del hombre de este siglo. De allí que sea necesario desarrollar el pensamiento crítico y estimular la actitud científica desde la primera escuela y a lo largo de toda su vida educativa, incluyendo los postgrados.
 
La educación de hoy en día, debe proveer la formación integral del ser humano, entendido como un ser de necesidades, habilidades y potencialidades. Una educación capaz de intervenir en las dimensiones: cognitiva (conocimientos), axiológica (valores) y motora (habilidades y destrezas); más allá de formar a un ser intelectual se debe formar a un ser completo, holístico. La educación debe significar un cambio transformador. He allí el gran compromiso que tienen los educadores con el desarrollo de sus naciones, y en definitiva, de nuestro planeta. El docente juega un rol significativo. El docente para lograr seres transformadores y completos, debe ser un transformador y un ser completo, con un pleno desarrollo emocional.
 
Es preciso, superar y cambiar las clásicas estructuras escolares sustentadas en un poder rígido y vertical. El valor del hombre se debe ubicar por encima de todo lo demás y hacer que la dirección de la institución académica, el propio sistema educativo y hasta el plan macro del país, incluya y gire en torno al desarrollo personal íntegro del individuo. Un plan que incluya no solo lo académico sino la relación e interacción con los importantes y dinámicos cambios tecnológicos. La consagración de este planteamiento redundará en un avance significativo para disminuir la brecha, y lograr la educación que buscamos, sea ésta en modalidad presencial o virtual.

Nuestros docentes deben ser profesionales con un alto contenido humanístico, didáctico y tecnológico, capaces de promover cambios de la visión pedagógica mediante la conformación de una comunidad de profesionales críticos, investigadores y autosuficientes que, como agentes de cambio social, puedan ser mediadores eficientes de los aprendizajes y promover la actitud autónoma en lo intelectual y en lo moral, de sus alumnos. Contribuyendo así con la Venezuela que todos queremos y merecemos; y en definitiva, por un mundo mejor.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Mi paraíso terrenal…


¿Un paraíso? ¿Qué podría significar para ti un paraíso? Para hablarles un poco de este paraíso, debemos viajar a mi infancia, ya que este paraíso no es otro sino mi “Zuatalandia”, la tierra que me vio crecer. El pueblo de Zuata queda a tan sólo 10 minutos de La Victoria en el Estado Aragua y aunque parezca mentira, se encuentra a unos 90 minutos de nuestra ciudad capital Caracas. 

Recordar mi paraíso, es retomar esas casitas de pueblo con tejas rojas, donde la gente camina por las calles y poco usan las aceras por la escases de vehículos transitando, niños y gente adulta en bicicletas, señores sentados en el porche de su casa por las tardes tomando el café, una laguna que sirve de alimento para las siembras de la zona, ríos en sus montañas y donde no podían faltar los respectivos personajes de los pueblos: el cura, el loco, el borracho, la chismosa, los músicos, el portugués del abasto, entre muchos otros pintorescos personajes. 


Fue durante la década de los 90 es cuando me disfruté más a mi pueblo, ya que en esos años, tenía la independencia de irme sólo a la escuela, luego al liceo, hacer tareas en casa de mis amigos, asistir a las fiestas y desde los 12 años tenía llave de mi casa; eso para aquella época era todo un triunfo. Todo esto, siempre lo hacía “a patica”, pues sí, disfrutaba caminar o ir  con mi bicicleta montañera. Era aquella etapa de juventud donde no tenemos ningún tipo de preocupaciones reales, y digo reales, ya que es ahora a medida que el ser humano crece cuando cada día los compromisos son cada vez mayores y debemos trabajar con mayor disciplina.

Hoy en día debo reconocer que ha cambiado mucho, y no ha sido del todo para bien. El aumento de población, invasiones en la principal vía que lo comunica con La Victoria, la inseguridad, la contaminación de su laguna, entre otros, ha desvanecido la calidez de su naturaleza; sin embargo, aún conserva su esencia, su baile de “la llora”, su iglesia en la cima del pueblo, su única plaza, donde no hay una bomba de gasolina y no existen agencias bancarias… pero cuando voy a visitar a mi familia disfruto de de sus calles, de su gente, de su calor… en definitiva, disfruto mi paraíso terrenal.